domingo, 31 de octubre de 2010

Noviembre: el mes de los difuntos

Para entender por qué la Iglesia dedica este mes de noviembre a los difuntos, vamos a empezar por un punto del Catecismo:

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura:
"Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado" (2 M 12, 46).
Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

La Iglesia nos enseña que, al morir, el alma disfruta para siempre con Dios en el cielo o permanece alejado de Él para siempre en el infierno.

Pero para presentarse antes Dios, debe estar debidamente preparado: esto confirma la doctrina del purgatorio, en la que el alma en gracia de Dios se purifica para poder entrar en el cielo.

Como después de morir no podemos hacer nada por nuestra salvación, la Iglesia anima a todos los fieles a que recen, ofrezcan sacrificios, limosnas... por las almas del purgatorio. Y lo mejor que podemos hacer por un difunto es ofrecer la Misa por él.
Por cierto, la Virgen tiene un papel fundamental en todo esto, ¡acude a ella!

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